Opinion / 22 Mayo, 2017
Juntos, reducimos los riesgos climáticos y de desastres

Robert Glasser es el Representante Especial del Secretario General de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres y Patricia Espinosa es la Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático.

Es un hecho que, si seguimos batiendo récords de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, multiplicaremos los riesgos de sufrir desastres, una amenaza mundial que planea sobre nosotros y sobre las próximas generaciones.

La triste realidad del calentamiento global, con el aumento del nivel del mar y los cambios en el sistema climático de la Tierra, está alterando los patrones de tormentas, vientos y lluvias.

Precisamente, del coste en vidas humanas de estos fenómenos y de lo que cuestan a los gobiernos se hablará en la reunión que los líderes mundiales mantendrán en México a finales de mayo en el marco de la Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres.

Datos recientes muestran que el 90 por ciento de los desastres tienen relación con el clima. Estos desastres provocan cada año pérdidas de 520.000 millones de dólares y empujan a la pobreza a 26 millones de personas.

Han pasado 22 años desde que se celebró la primera conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático y, desde entonces, las emisiones de gases de efecto invernadero han venido aumentando hasta alcanzar niveles críticos. Esto no augura nada bueno para quienes ya viven en tierras áridas, en costas expuestas a ciclones, en zonas inundables o con riesgo de deslizamientos, ni para quienes dependen del agua de los glaciares.

En estas dos décadas, se han multiplicado por dos los desastres relacionados con el clima y la meteorología, lo que está afectando con especial dureza a los países menos adelantados. Es el caso por ejemplo de Haití, donde en octubre pasado murieron 600 personas por el huracán Matthew que provocó, además, pérdidas evaluadas en un tercio del PIB del país.

Para recuperarse de los estragos de este huracán de categoría 4, se estima que Haití necesita 2.800 millones de dólares, una cifra enorme para un país donde el 60 por ciento de la población vive en la pobreza extrema.

En Filipinas, miles de personas murieron en 2013 por el paso del tifón Haiyan que también provocó pérdidas multimillonarias.

En África, las poblaciones de las ya de por sí áridas tierras del Sahel y del sur del continente se enfrentan a temperaturas tan altas que hacen casi imposible la vida. Millones de personas están padeciendo hambrunas y están viendo cómo desaparecen sus medios de sustento, obligando a estos países a declarar el estado de emergencia.

Hace cinco años, se declaraba la primera hambruna del siglo XXI en Somalia, un país que hoy vuelve a estar en una situación crítica. Y es que el 80 por ciento de las personas que pasan hambre en el mundo viven en países muy expuestos a desastres meteorológicos relacionados con el agua.

El cambio climático, agravado por fenómenos como El Niño, multiplica los desastres y es un gran factor de inestabilidad. El mundo trata de comprender cómo el cambio climático se combina con otros factores como la falta de gobernanza en la gestión del riesgo de desastres, una urbanización rápida y desordenada, la pobreza y la degradación ambiental.

Buena parte de estos esfuerzos de comprensión y planeamiento deben hacerse a nivel local. Hace dos años, cuando los Estados Miembro de las Naciones Unidas adoptaron el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres se comprometieron a incrementar sustancialmente la puesta en marcha para 2020 de estrategias de reducción del riesgo de desastres.

Estas estrategias son fundamentales para que para 2030 hayamos reducido la mortalidad que causan los desastres, así como las pérdidas económicas y los daños a las infraestructuras básicas. Es crucial que eliminemos los obstáculos que impiden articular las medidas contra el cambio climático con medidas más amplias de reducción del riesgo de desastres.

La puesta en marcha de estas estrategias a nivel local y nacional es una oportunidad para actuar conjuntamente en lo relativo a la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y al Acuerdo de París sobre el cambio climático, evitando duplicar esfuerzos.

De esta interrelación depende que logremos con éxito muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como los relacionados con la pobreza, el hambre, la acción por el clima, el saneamiento y el acceso al agua.

Ambos reconocemos que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para mantener la temperatura mundial muy por debajo de los 2 grados centígrados es la mayor aportación que los gobiernos nacionales, locales y el sector privado puede hacer para reducir el riesgo de desastres.

Además, llevar a nivel local el planeamiento del riesgo de desastres contribuye a hacer que las comunidades sean más activas y reclamen a los líderes nacionales e internacionales medidas más ambiciosas frente al cambio climático.

Esta quinta reunión de la Plataforma Global puede acercar el mundo de la gestión de riesgos de desastres al de la gestión de riesgos climáticos. Este acercamiento no puede traer más que ventajas para todos, ya que ayudará a construir un futuro más resiliente y estable para el planeta.

Aunque son las poblaciones más pobres y vulnerables las que están en la primera línea, ningún país ni ningún continente será inmune a los desastres si no nos responsabilizamos y aprovechamos la esta oportunidad para actuar ya.

Photo caption: in October 2016, the passage of Hurricane Matthew caused massive damage in the western Haitian town of Les Cayes. UN Photo/Logan Abassi.